lunes, 30 de abril de 2012

Vigente aún, quizá.

Monumento a la madre del emigrante. Gijón. Foto MJPrieto

Era la última noche,
las noches de las tristes despedidas,
y apenas si una lágrima empañaba
sus serenas pupilas.
Como el criado que deja
al amo que le hostiga,
arreglando su hatillo, murmuraba
casi con la emoción de la alegría:
-¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamos
abandonar nuestras humildes tierras;
el duro pan que nos negó la patria,
por más que los extraños nos maltraten,
no ha de faltarnos en la patria ajena.
Rosalía de Castro

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