lunes, 13 de agosto de 2012

Acomodando la eternidad. Sta. Mª la Blanca.

Iglesia de Santa Mª la Blanca*. Villalcazar de Sirga. Palencia.

 
Escribe Petronio, en el Satiricón (Cap. LXXI) "Quiero además, que el terreno donde me sepulten tenga cien pies de largo a la vía pública, y doscientos al campo, porque han de plantarse alrededor de mi sepultura todo género de árboles frutales y viñas sobre todo".

Siempre me ha gustado la idea terminar acogida entre las raíces de un árbol, y si es un frutal, mejor. Idea bastante absurda, desde luego, para quien asume que todo acaba con el último aliento, (y esto lo digo "sin acritud").  Pero supongo que el instinto de permanencia se tranquiliza imaginándose parte de un melocotón, o de la alegría del vino... si hacemos caso a ese "sobre todo".

Pensar en los restos depositados sobre una caja fría de piedra, me produce pavor. Siempre a la espera, sin prisa, (es lo malo de la eternidad), de que alguien zarandee los despojos para hacerse con el envoltorio... Pero me conmueve la belleza de estos exquisitos trabajos, la devoción con la que fueron imaginados y labrados, pensando en el acomodo eterno más adecuado para sus ocupantes. Me produce una ternura infinita imaginar la sensación de seguridad en la elección del lugar santo para reposar, y me estremece el haz de luz que desde el rosetón llega hasta los sepulcros. No fue su sitio original, pero sabiendo que la religión cristiana es una religión solar,  ese haz de luz se transforma en la propia divinidad protectora, cada mañana.

Parece un trabajo común y sencillo morirse. Pero la posteridad... da mucho  quehacer al ser humano.


*Enterramiento del Infante Felipe (hermano de Alfoso X), y de su última esposa, posiblemente Leonor (S. XIII). El tercer sepulcro recoge los restos de un Caballero de Santiago (S. XIV). Iglesia de Santa Mª la Blanca. Villalcazar de Sirga. Palencia.

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