lunes, 6 de agosto de 2012

Margargarita Xirgu. Detalle. Teatro Romano de Mérida. Foto de MJPrieto

Descubrir el bronce de Margarita Xirgú entre las columnas desgastadas del teatro romano de Mérida, amplifica el arrobo que asalta el espíritu en cuanto se pisa el magestuoso escenario. Allí,  parece sonar  el eco de las voces declamadas a lo largo de tantos siglos. Y su voz también reverbera entre las gradas... La voz fuerte y segura de Medea. La Medea de Séneca, traducida y adaptada por Unamumo, que reprochó indignada a Jasón su ignomina. Era el año 1933. El éxito fue arrollador.

No esperaba su compañía. Quizá por eso mismo su espíritu envuelto en bronce me hizo aún más bello el paseo.  Me gusta su mano abierta, conocedora del futuro cercano que le espera, pero no crispada. Iluminada por la decisión, como lo está por el sol cada día. La mano apesadumbrada, pero firme, de una mujer inteligente frente a un destino trágico inmerecido.

Me seduce su escultura completa en esa actitud sabia y clarividente, de triste serenidad. De aceptación sin rastro de sumisión.

Margargarita Xirgu. Bronce. Teatro Romano de Mérida. Foto de MJPrieto

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