miércoles, 12 de septiembre de 2012

Bruma, Antigona y Medea.

O Grove entre la bruma del mar. Pontevedra. Foto de MJPrieto
Hay mañanas en que me gustaría ver el día así, entre brumas, somnolienta, con los ojos a medio abrir. Y dejar que pasen las horas sin distinguir totalmente el detritus cotidiano que nos vomitan gobernantes, banqueros y grandes empresarios. Un clan de vividores que, sin ser muchos, asfixian a la mayoría de ciudadanos y ciudadanas decentes de este país.
La neblina tapa esos bajos fondos, y me permite contemplar las buenas personas que salen cada día a trabajar y construir una vida digna para sí, y para sus familias.
Pero en cuanto sube un poco el sol, el velo desaparece. Y, como el dinosaurio de Monterroso, la inmundicia sigue ahí.
Mejor que pintar las mañanas con veladuras, sería realizar una buena limpieza. Pero ¿cómo?
¿Al estilo de Antígona?  ¿Al de Medea?
Siguiendo el primer ejemplo, desobedeciendo las normas impuestas que consideremos inaceptables, por ignominiosas. No creo, pero oro a todos los dioses y diosas, hados y hadas que habiten por este lugar: Que se los lleven a todos. Lejos. Juntos. Que se expolien entre ellos, y dejen el mundo en paz. (Y utilizo el masculino, porque son inmensa mayoría). Amen.
Siguiendo a  Medea, con acciones potentes y fuertes. Lejos de suavidades y sutilezas,  porque injusta es la indignidad a la que nos están sometiendo.
 
Arriaga. Los esclavos felices (obertura)  

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