domingo, 7 de octubre de 2012

Hadas y meigas, en contrapicado.

Pinar. Isla de La Toja. Pontevedra. Foto de MJPrieto
En este bosque de extraña luz, la hojas suenan a mar,  y el chillido de las gaviotas crece invisible entre las ramas de los esbeltos troncos.
Huele a sal, a flores silvestres y pino en una combinación imposible de encerrar en un frasco de perfume.
La luz se cuela en contrapicado desde el agua, y el viento, hecho un lío, trae y lleva sonidos enmarañados de mar y bosque.
El  efecto es mágico. No me extraña que sea tan fácil imaginar hadas, meigas y embrujos en esta bella tierra.

Un imaginario fértil es una fortuna, pero si la realidad es oscura y fría, como lo es ahora, el refugio que ofrece puede tener la fuerza del canto de las sirenas que atormentaron a Ulises. Solo la firme voluntad de llegar al destino elegido puede ahuyentar las voces engañosas. Haced acopio de sogas para atravesar este campo de brumas que se avecina en octubre. Y buena suerte...

Dulce Pontes. Cançâo do mar 

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