viernes, 12 de abril de 2013

El precio de la inmortalidad

Monasterio Santa Mª la Real. Nájera. Panteón Real.  Foto MJPrieto.

Caminante,
Ambicioné la eternidad pétrea, pero me fue concedida una brizna de tiempo.
Mi nombre milenario se apaga por la burda traición de la roca tallada. Mira cómo deserta de puntillas mi figura. Con la suavidad  de la niebla al llegar la mañana.
¡Y no quiero morir de nuevo! ¡no!

Te suplico visitante... ¡llévame en tu memoria! ¡Nómbrame! Te regalo una historia de vileza e infortunio que consolará tus desgracias.
Escucha, escucha a este miserable yacente. Yo mismo despeñé a mi hermano, el avaricioso Sancho IV Garcés, el de Peñalen. ¡Yo, yo mismo!
Compré la inmortalidad que no pude alcanzar como rey, con tal vil deslealtad.  Triste espejismo. Pues hoy el polvo es contenido por el polvo.

Y la justicia divina se hizo en este dolor eterno del gesto inacabado, pues ni en la vida ni en la muerte hubo carpe diem para mi, ni  locus amoenusni vinos olorosos de rubaiyat. Ni amor verdadero, Eloisa, ni tute, Viridiana querida. Infeliz de mi...

Caminante, ten piedad. Recuérdame para que yo viva, al menos, en este dolor. Líbrame de la ausencia. Del gélido silencio. Del retorno a la muerte.


Arvo Part
Cantus In Memory Of Benjamin Britten

1 comentario:

  1. Al leer ese texto tan hermoso se me ha venido a la memoria, y luego a la garganta, y a los labios después, la canción que Chavela Vargas hiciera suya para siempre: "Piensa en mí".

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