domingo, 12 de mayo de 2013

Indigencia

Dueñas. Palencia. Foto MJPrieto
     Desde que leí "Arquitectura humana", del poeta Luis Alonso (aquí), las casas que posan tras el objetivo son más cautivadoras. Y es que las semejanzas trascienden el continente, hacia su mundo interior, mostrando virtudes y defectos con la misma profusión. No en vano fueron creadas del barro. Incluso puede que tengan su propio Génesis...

      En la plaza, con la fuerte luz de la temprana tarde, llama la atención el muro remozado, pintado de albero claro. Fresco y alegre. Sin embargo, no es lo suficientemente  alto, y deja escapar el desnudo de la vieja pared interior. 

      Cuantas veces, ante la vergüenza de la propia miseria, diseñamos una hermosa máscara externa,  que siempre resulta escasa. Sería mucho mejor aceptar que hasta el último de nuestros días seremos indigentes. Maria Zambrano entendía este estado como una forma de peregrinaje hacia la libertad. ¿Y qué, si no sabemos? ¿Y qué si nos equivocamos? ¿Y qué si debemos aprender continuamente? Eso también forma parte de la belleza humana.

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