viernes, 6 de febrero de 2015

Era glacial

Peña Amaya. Burgos. Foto de MJPrieto
Desde niña, relaciono este bello e inmóvil envoltorio blanco con la latencia de un futuro triunfante. Un sudario blanco que, lejos de mostrar el mundo exánime que aparece a la vista, apresa cantos primaverales. Con voz de oráculo, el frío gélido habla del denso cereal verde. El silbido del viento entre el agracejo, lleva croar de ranas, chasquidos de insectos, vuelos de pájaros aún sin nacer.

Pero hace tiempo que el invierno traspasó fronteras y es más que una estación. Se mantiene el alto porcentaje de paro; muchas familias no pueden pagar el carbón o el gas con el que calentar su hogar; ha vuelto la desnutrición infantil, como en la posguerra; no son pocos los empresarios, sordos a una ética mínima, que esclavizan al "afortunado" trabajador; el sistema sanitario desbordado y empobrecido, colapsa; la educación pública, depauperada, no necesita ni el tiro de gracia. Mientras, los sonrientes ministros, sobre el sudario,  cantan alabanzas a su gestión y a un mundo de mieles que solo ellos ven. 

La nieve mantiene el agua sobre los campos, largamente. La tierra bebe despacio el tesoro cristalino. Los meses subirán el angulo del sol. Perséfone hará el resto. Cada año es así, sin experiencias que contradigan el ciclo. 

No ocurre igual con el invierno social. No retoña el bienestar y los derechos perdidos, en una primavera. Destruir es fácil, basta un gesto. Construir necesita de muchos y acompasados gestos llenos de compromiso, dialogo y tiempo. Sin implicación personal no se alcanza la realidad anhelada. Es preciso pensar. Pensar y creer en el modelo de sociedad y ciudadanía que deseamos, decidir firmemente qué principios no sacrificaremos de ninguna manera, reflexionar sobre los errores cometidos, los fallos comunales y personales. Elegir el horizonte deseado y buscar la vía de cambio en nuestro ámbito cercano. Comprometernos con ello, hacer, hacer y persistir. Cambiar los actos viejos por actos nuevos, hasta el hábito.

Resolvamos con cuidado cada elección diaria: el consumo (cuanto y a quién), los apoyos, el tiempo perdido en lecturas y programas absurdos, las palabras, las negaciones, el voto también. Sin olvidar nunca la senda de la igualdad, la justicia, el cuidado, la solidaridad. Desde lo más cercano. Bajo el sudario de esta era glacial, en cada uno, en cada una, quedan posibilidades de primavera. Dejar la tarea en manos de políticos salvadores, es el fin. No deberíamos pedir lo que no somos capaces de dar. 

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